jueves, diciembre 28, 2006

Esta entrada va dirigida a una mujer.



A una heroína. A una persona que siempre estuvo ahí, incluso cuando yo no la veía. A ella, que ahora es otra parte de mi ser, aunque durante un tiempo fuimos la misma persona.

Y no... No se trata de ningún amor, sino de mi ángel de la guarda, pese a que ella no tiene alas, ni dormita en ninguna de las 4 esquinitas de mi cama.


No lleva espadas, ni tampoco escudos. Sin embargo, ella es la mejor protectora de todos. Y es que no hay monstruo ni fantasma que resista ante su presencia: los miedos y temores se desvanecen cada vez que ella me abraza y hasta los malos huyen si ella se enfada.


Aunque jamás estudió medicina alguna, una simple mirada le basta para realizar el diagnóstico más preciso. También es capaz de curar con tan solo un beso hasta la más profunda de todas las heridas. De sanar la enfermedad más temible, incluyendo la desilusión.


Nunca enfermó: tiene que estar bien para poder practicar su magia sin poderes, conjuros ni polvos de hada. Ni siquiera una varita mágica. Sólo con sus manos en forma de caricias.


Y es que tengo que admitir que aún sigo sintiéndome un poquito más fuerte sabiendo que ella siempre velará por mí.


Esta entrada va dirigida a ti porque, al igual que en mi corazón, también tienes un sitio en este blog.


Te quiero, mamá.

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