La pésima economía y los continuos recortes sociales, en mayor o menor medida, afectan de una forma injusta a gran parte de la sociedad tanto española como europea. Sin embargo, algo se resquebraja dentro de mí de una manera mucho más intensa cuando leo que esta maldita crisis se ceba también con los más indefensos. Con esas almas tan puras como ignorantes, que nada entienden de política, de monedas, de crisis o de ajustes económicos.
No hace falta irse muy lejos para encontrar ejemplos: en Castilla La Mancha, Sanidad ha reducido por motivos económicos el grupo de enfermedades que pueden detectarse con la prueba del talón, la cual se hace a los bebés recién nacidos para descartar patologías graves. Esto significa que aquellos bebés que tengan la desgracia de nacer con una de de esas enfermedades catalogadas como 'raras' lo tendrán muy difícil a la hora obtener un diagnóstico precoz y eficaz que ayude a elaborar un tratamiento adecuado.
Más allá de nuestras fronteras, en el país de la eurozona que probablemente peor lo está pasando en estos momentos, la cosa literalmente se desborda: según denuncia un sacerdote griego, la crisis financiera de Grecia ha provocado que algunas familias, en el límite de la desesperación, deban renunciar a sus propios hijos.Después de leer noticias cómo estas, es imposible no hacerse las mismas preguntas una y otra vez: ¿Hasta dónde van a ser los gobiernos capaces de llegar? ¿Cuánto más estaremos dispuestos a aguantar antes de explotar? Y, lo más grave, ¿Qué clase de mundo vamos a dejarles a las generaciones futuras?






